MAMÁ, NO TENGO LA CULPA QUE A MÍ ME GUSTEN LOS BAILES

08 marzo 2011

Yo sólo quería viajar en tren

Cuando niña, me fui a vivir poco más de un año a Tuxpan, el pueblo de la fiesta eterna, ubicado al sur de Jalisco.
Mis tíos, los más adinerados de la familia, que ya tenían toda una vida allá, pondrían un restaurant-bar.
A mi tío, un prominente carnicero, lo apodaban el Chanel, no sé si por usar dicha fragancia o por el siempre intenso olor a perfume y sudor que despedía, no lo sé, pero el pueblo entero así lo llamaba. Por supuesto, el restaurant llevó el mismo nombre.
Como en esas fechas mis padres tenían problemas económicos, aceptaron de inmediato administrar y atender dicho lugar.
Era principio de los 90's cuando viajamos en tren. Dejé tercero de primaria a medias, fue un domingo cuando, mis padres y yo, nos fuimos a Tuxpan. Era un tren ligero, pocos pasajeros, poco equipaje. Viajar así, ha sido una de las mejores experiencias en mi vida.
Las maletas cargaban las ilusiones de mis padres, mis ojos llevaban escrita la palabra aventura.
Iba feliz y sin saber a qué, iba emocionada porque viviría en una casa diferente, conocería otros niños, y sobre todo, porque abandonaba tercero de primaria, a mis compañeros y al horrible maestro, porque en mi mente de niña creía jamás volver a estudiar.
Hicimos varias horas de camino y atravesamos muchos túneles, cada que el tren pasaba por ellos, cerraba los ojos y me imaginaba en un lindo vestido paseando por el pueblo. Sonreía. Seguro usarlo allá no me daría vergüenza. Luego se hacía la luz, y seguía comiendo pepitas o asomándome por la ventanilla mientras el traqueteo del vagón adormilaba a los pasajeros.
Tuxpan significó un cambio enorme en mis ocho años de vida.
Desde luego que regresé a la escuela. A la semana de habernos instalado, me inscribieron en una primaria donde me pegaron los piojos, y las niñas me daban miedo. No es que fueran unas salvajes, pero yo era una retraída niña gorda de ciudad, y ellas tenían hambre.
La mayoría de los niños eran humildes, con las ropas desgastadas y las orejas mugrosas.
Muchas veces me robaron el sandwich, otras, echaban hormigas en mi pepsilindro, también se burlaban de mí. Los niños de Tuxpan eran más flacos pero igual de crueles a los de Colima. Ahí me quedó claro que la crueldad es paralela.
En esa temporada me volví sinvergüenza y burra. Recuerdo que no hacía las tareas y que me valía madre no aprender la tabla del 7. Casi nadie estudiaba, yo tampoco quería hacerlo. ¿No entendían que no quería estudiar?, ¿Para eso me habían sacado de Colima, para llegar a un pueblo donde estudiar nada significaba? Los niños querían ser rancheros, las niñas mamás, yo sólo quería que me dejaran en paz.
De ese año no recuerdo el nombre de ningún compañero, tampoco de la maestra. Sí que me valía un cacahuate la escuela.
Mis tíos tenían una hija más o menos de mi edad, fue con quien más conviví ese año, y lo más cercano a tener una hermana.
Peleábamos por la tele, porque nuestras madres nos compraban la misma ropa o porque una tenía más dulces que la otra.
Ella iba al único colegio de paga y estaba en la escolta y en el cuadro de honor, yo en una escuela donde lo único que gané fueron piojos. Ella quería a un niño de su clase, yo quería comer gansitos, a ella le gustaba Garibaldi, y a mí leer historias, ella se sabía la tabla del 7, yo no.
Al cabo de ese año terminamos odiándonos, por ella jamás quise tener hermana, qué bueno que no la tuve.
El restaurant-bar jamás se desarrolló como tal, los lugareños no sabían de bares, tampoco de pedir a la carta recetas complicadas o de tomar mojitos. Ellos sabían de fondas, de bules. "Los cocteles son pa' putos", un día le oí decir a un ranchero. Nada más cierto.
El bonito lugar, fincado a las afueras del pueblo, construído con arcadas de cantera y piso fino, se reinauguró semanas después.
Se pintó la fachada de anaranjado y con letras grandes y doradas rodeando una herradura de bronce lucía el nuevo letrero: "El Chanel, centro botanero". Fue un éxito.
Los platillos a la carta fueron cambiados por tacos de charal, chicharrón y coachala, los cocteles y whiskeys por cubas y cervezas.
A veces grupos norteños y mariachis amenizaban el lugar, cuando no, entonces las bocinas hacían sonar a Chente o los Bukis.
Los fines de semana, cuando el estacionamiento se atestaba de camionetas, burros y bicicletas, significaba que no faltaría un pleito de borrachos, uno que otro botellazo, machetazos o hasta balazos. Ambiente cada vez menos familiar
Un sitio hostil con las meseras más desenvueltas, propinas más vastas y ganancias más jugosas. Pueblo chico, infierno grande, fue la frase que mejor describió al Chanel en ese tiempo.
Con el mismo gusto que recibí la noticia de que viviríamos en Tuxpan, lo hice al saber que regresábamos a Colima. Un día mi madre, así sin más, me dijo que preparara mis cosas, no entendía bien las razones, pero igual estaba feliz. Regresamos en autobus.
Dejé cuarto grado a medias y regresé a mi antigüa primaria, me costó mucho trabajo aprender la tabla del 7, hacer los deberes a tiempo y obtener el promedio más bajo de toda mi historia: ocho.
Aprendí que las despedidas son buenas, necesarias, pero nada como volver al hogar.

10 comentarios:

Mojik! dijo...

Yo nunca viaje en Tren, pero creo que estoy a tiempo!! :)

Ángel dijo...

Ahh comadre, que experiencia a tan corta edad, que pena por los piojos que te pegaron :D... me gustó el relato, en el bar, me dio miedo y me escondi bajo la mesa, pero aun asi segui leyendo.

Saludos.

la MaLquEridA dijo...

Yo tengo una historia parecida cuando entré a tercero de primaria, yo no viajé en tren pero creo lo hubiera preferido para que me llevara lejos de ahí.

Ricardo Marin dijo...

Que interesante relato, lo que s la vida...

lll dijo...

Me encanta como relatas te juro que me imagine cada una de las escenas :P

Yo nunca viajé en tren en mi rancho los descontinuaron hace ya muchisimos años y solo quedan los que transportan cosas de las industrias y así.

Bonito post

((yo aún no me se la tabla del siete así luego luego))

:D

Aline Suárez del Real dijo...

Qué bonito escribes cuando escribes historias así.
Qué experiencia para los 8 años ! y que fuel del chanel? (de el lugar, no de tu tio)
Qué chido un viaje en tren =D, ay me gustó la historia.

reptilio dijo...

Excelente post!

Felicidades

me gusto a madres

ferrrioni dijo...

AQUÍ COLIMA.
Las decisiones que en su momento tomaron nuestros padres o cuidadores, buenas o malas, justificadas o no, pegaron de rebote en nuestra historia de vida, dejándonos huellas imborrables. A veces, estas experiencias contribuyeron a enriquecer nuestros procesos de crecimiento, de madurez; a veces no.
Hoy estás evaluándolo y describes magistralmente los claroscuros de esa parte de tu vida. Interesante de verdad, me encantó.
Gracias Ros por dejar asomarme a otra de tus ventanas. A mi me cuesta mucho trabajo abrirlas, no tengo tu audacia.
Un abrazo.

Unknown dijo...

me ha encantado por tu forma de relatarlo y por la hiatoria. un saludo

Ros dijo...

Mojik: simón, sobre todo si te decides viajar pa'l norti!

Ángel: gracias, ♥

Malque: Sería interesante que la relataras, ;)

Ricardo: Hola!!

Zilly: jaja, es que es de las tablas más pinche difíciles, auch.

Úrsula: awww, =) poes fíjate que el chanel siguió varios años más, pero luego se puso la competencia y acabo cerrando... duh, Tuxpan se llenó de botañeros, jojo.

Reptilio: ¡ayyy! *ojitos*

Ferrioni: pues deberías abrirlas, tu manera de relatar es muy buena!
:)

Marian: gracias mil, igualmente un saludito!