Pendejo le queda corto, ¿cómo se le ocurre llamarme?, ponerme en altavoz a su novia, para que, YO, le explique a la celosa histérica que sólo somos amigos, desde hace tres años, sólo amigos.
¡Estúpido, estúpido, estúpido!
¡Estúpido, estúpido, estúpido!
Y ella gritando tras la bocina: ¡no, déjame!, ¡lárgate con tu zorra!, ¡laaárgate, $%&#!
Y yo, calentando mi cena, un poco en silencio, sin saber qué decir, impactada, realmente impactada.
Todo esto, gracias a un mensaje que ella le descubrió, para mí:
Linda, que este año nuevo esté lleno de éxitos en compañía de todos los seres queridos, te mando un fuerte abrazo.
Lo más penoso fue escucharlo a él, casi llorando, sin saber qué hacer, o qué decirme, aterrado porque su vieja estaba enojada y no le creía. ¿Qué hago, qué hago? me decía.
Obvio no lo calmé, mucho menos le di consejos, lo mandé a volar, qué hueva.
O sea, es una mamada, si al menos hubiera puesto feliz año, te quiero coger, entonces la entendería, pero chale, qué jalada, y más jalada de él en hacerle caso y ponerse a llamarme para darle gusto.
Luego ella –lo supongo–, al día siguiente, me manda un mensaje: ¿quién eres? acepta que andas con "Artemio". Perra.
No, no ando, pero él sí quería conmigo, luego te paso las fotos que me mandó en el 2009. Linda. Le contesté.
Ya no refutó, supongo que armó buen teatrito, ahora sí, con mi mensaje, tiene TODAS LAS PRUEBAS DEL MUNDO. No sé en que pararía aquello. Tal vez lo asesinó, y yo soy la culpable. Ay.