últimamente recuerdo los ladridos que de pequeña daba.

1
era un rancho. los adultos risoteaban en la sala. la niña de cinco años se aburría. pasaba entre ellos, los ignoraba. iba y venía de un pasillo que daba a la cocina. murmuraba.
la niña se desesperó y salió balbuceando maldiciones de la cocina, pasó a un lado de los adultos diciendo: "pinche rancho, no hay galletas, no hay juegos, no hay barbies, no hay dulces, no hay juguitos, no hay niños, no hay ni chingada madre"
los adultos rieron. la niña ni los volteó a ver.
esto me lo contó mi madre.
2
era una fiesta, cumpleaños de la vecina de rosita, sí, esa niña con la que se jaloneaba las greñas cuando jugando a las barbies salían mal, esa niña cómplice con la que probó el perfume, lamió desodorantes y fabricó pastelitos de lodo. Rebeca, la que más odiaba y más quería.
era su cumpleaños número seis. rosita ya tenía ocho. lo grande no le quitaba lo pendeja. siempre fue bien pendeja en los juegos, en la amistades. le quitaban los dulces, le arrebataban los mejores juguetes, quizá por eso odió jugar, siempre disfrutaba más estando sola. (no ha cambiado mucho la cosa, ahora es pendeja en otras circunstancias, y sigue disfrutando más estando sola).
pero en esa fiesta se le quitó tantito lo taruga y se cobró una de cal por dos de arena. la hora que quebrar la piñata llegó: crisis. odiaba ese momento. jamás le gustó romper la piñata, jamás le gustó la cancioncilla esa de daledaledalenopierdaseltino... puaf, terrible. rosita tenía miedo a darle, y a perder el tino. también odiaba que le taparan los ojos a los niños, que les dieran vueltas para marearlos antes de que rompieran la piñata, y sobre todo, el palo... el palo con el que le daban a la piñata. un día vió como rebotaba sobre la cabeza de un chiquillo sacándole la sangre y un tremendo chichón. eso la traumó. por eso odiaba esos momentos, romper la piñata era peor que jugar a reventar globos, o a las sillas, o a la gallinita ciega o a mil tarugadas más que se inventan en las fiestas infantiles.
que le dijeran a rosita "rompe la piñata" era la peor ofensa. eso pasó. en esa fiesta. no sólo la invitaron a romper la piñata, la forzaron a tomar el palo, la gente canturreaba daledaledalenopierdaseltinoporquesilopierdes... todo se volvió caos.
rosita aventó el palo. les gritó "suéltenme cabrones", y se dirigió a la mesa de regalos, recogió la cajototota de maquillajes de fantasía y accesorios fashión para niña de seis años que le había dado a rebeca. tomó el regalo con envoltura de hello kitty y se lo llevó a su casa. ni que le fuera a dejar el bonito regaló después de que la hubieran presionado para entrarle al juego. rosita era pendeja, pero no tanto.
al otro lado de la fiesta estaba su casa. entró muy feliz con el regalo robado. rebeca dejó de hablarle una semana. rosita era feliz con esa cajototota. un día, rebeca tocó la puerta vecina, rosita se asomó por la ventana, más tarde jugaban a las barbies.
esto no me lo contaron.