MAMÁ, NO TENGO LA CULPA QUE A MÍ ME GUSTEN LOS BAILES
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21 enero 2012

Suavecito como la alfombra, delicioso como el dulce de leche

-Mordida, mordida –canturrearé cuando tenga frente a mí un pastel. Aún no sé si lo pediré avainillado o de chocolate, o de fresas, sí, un rollo enorme, de fresas y crema pastelera, o tal vez, a la hora de la hora, me entre la loquera y lo horneé un poco antes del atardecer.

Un número dos le adornará, se me antoja comerlo salvajemente, a mano limpia; mancharme la barbilla y salpicar mis rizos con leche, con una leche muy fría.

Todo esto, porque se me hace más bonito permanecer, que sumarme años, recibir un ascenso o ganar un bono.

Porque tengo muchas cosas qué celebrar: como que semana a semana escribo, y que siento, me dignifica como escribiente, que no han faltado meses sin inspiración. Que me mantengo enamorada, que el amor me vuelve una mejor yo. Que el trabajo sigue, y aunque a veces, se aferra en pintarme ojeras o cansar mi vista frente al autocad, al final, sólo pura satisfacción queda. Que soy una mujer compartida y mis alumnos potencian ese sentimiento. Que tengo una, varias amigas, después de casi dos años sin contacto físico con mujeres, eso sonó muy nena, pero sí, las mujeres me daban miedo.

Después de las clases, de la oficina, puede que, para rematar, me escape por la noche, por ahí, yo qué sé. Esos son mis planes de festejo, de todo lo que festejo, para el próximo lunes, acá en Irapuato, donde me encuentro tan yo, y tan feliz. Dos años, ay. ♥

26 febrero 2010

chicle

uno, de favor

si fuese de zarzamorachamoy, mucho mejor.