pos bue, resulta que cuando conocí al cabrón, también la conocí a ella, me parecieron agradables, ambos doctores, amablosos, de esas parejas que llevan diez, mil años.
ya sabía de la relación de él con otra chica, pero esa noche no le di importancia, a pesar de que cuando me contaron de su infidelidad, lo odié un poquito.
pasaron los meses y en una salida que yo creí sería fabulosa, pues esperaba ver a la noviadoctora, fue terrible, ya que en su lugar llegó la noviamantita. aghhh.
ustedes dirán, y a ti qué? allá él si sale con una lagartija y luego con un osito de peluche, no? pos puede.
pero no me gusta prestarme a la indesición, ya no. ni fingir que "oh chido, nais tu mit yu" ni sonreirle a la lagartija y luego al osito. nel. yo ni espada, ni pared. no me gustan los triángulos. y mira qué ironía si hablamos de que los triángulos son las figuras más estables, pfff.
la diferencia entre ambas, al menos por fuera, es abismal.
ella es agradable, inteligente, desarreglada, cultosa.
la otra es divertida, sexy, bonita, simpática, básica.
creo que las dos complementan al wey, por eso no las deja.
la cultosa desarreglada trabaja mil, sólo se ven los fines, obvio ella lo cela un chingo, ni modo que no se de cuenta? yo digo que nomás se hace mensa. tan pendeja que no se sabe la comodín!
con la básica sexy sale un chinguero, pistean, baresitos, pujiditos, laralá y así.
él es el que gana, pues cuando quiere despabilar el ajetreo mental de su trabajo busca algo bonito, un florerito, una comedia cursi, busca a pujitos.
pero los fines de semana, cuando quiere estabilidad, seguridad, va de maricón con la novia ciega.
él es el que gana? gana por no decidirse?