Amigo, no hay una maravillosa historia qué contar, no hay risa, no. Amigo, así te llamo porque no encuentro palabra que defina justo lo que eres hoy. Decirte así es un formalismo que no me gusta utilizar, pero es fácil, es ligero de nombrar.
Hace un rato lavaba los platos de la tarde, uno de ellos se quebró, de inmediato le seguí, me hice moronas en el fregadero, me rompí también, entonces cerré el grifo pues ya mucha agua se estaba desperdiciando.
Lloré por como soy amigo, sería tan fácil contarte lo loca que estoy, lo enferma que soy, pero ya sabes, me gusta lo complejo, equivocarme.
Verás, tengo una receta –durante tantos años inconsciente– para perder amigos: un día me quedo callada, sólo eso; entonces la gente se cansa, se va. Y yo luego asomo el rostro y nada en el paisaje, nada. De a poco los pierdo, y a los que no, resulta que es porque están muy lejos.
La nostalgia, como todo en exceso, cansa. A las personas les asusta mi sonrisa gris, pero es que ya no sé quitármela, por eso mejor silencio.
Coincidió pues, que tu alegría y mi tristeza chocaron. ¿Ves que no es lindo que uno sonría y la otra no sepa hacerlo? Hay una molestia que me habita, no de hoy, sabes, por eso me cuesta trabajo sonreirme por ti. Perdona por no hacerlo.
Me gusta tu modo triste, tú en versión pesimista, gris, solo. Pero qué clase de amistad seríamos, tan marchitos, como cuando la extrañabas y yo no sabía qué escribir en la pantalla, cuando sentía el dolor a través de tus poemas, cuando leía entre lágrimas tus ganas de regresar con ella; cuando yo amanezco de malas y tú me llamas odiosa, cuando insisto en que no me basta con ser feliz si los demás no sufren. En ningún rincón esto podría llamarse amistad.
Tú puedes llamarte Roque cuando te dije que nada tenía y dejé de hablarte por meses; Renato cuando nos separamos de equipo y continuamos el resto de la carrera como dos desconocidos; puedes llamarte Gabriela cuando un día, algo se rompió entre nosotras; puedes llamarte Fernando desde que hace meses no hablamos, también Omar, Beatriz o Josefina, puedes ser tantas caras, todos los nombres, yo elijo ser silencio, sólo silencio.