
Sí, como el de ayer, como el olor de la noche de ayer en que los árboles se mecían sobre nuestro camino.
Es delicioso el olor de ese jardín, en ningún otro lugar lo he descubierto.
Es que era paz, sí amiga, lo que soltaban los árboles era paz, por eso olía a té, por eso la noche apestaba a felicidad.
Es delicioso el olor de ese jardín, en ningún otro lugar lo he descubierto.
Es que era paz, sí amiga, lo que soltaban los árboles era paz, por eso olía a té, por eso la noche apestaba a felicidad.
¿Qué hace fácil caminar dentro y fuera de mi vida?
Sí, continúo con el domingo, después de que Bety cantara en la plaza san fernando, decidimos ir a su casa a cotorrear un rato, su vecino nos enfadó y huímos caminando a casa de su amigo el hippioso a preguntarle sabe qué cosas... así nomás, de pasadita...
En el trayecto cruzamos un jardín -Las huertas del cura- lo llaman... neta-neta que ahí de noche se respira magia, juro que olía a té de hierbabuena, se respiraba, se sentía entre los árboles... por un momento pensé en luzita, llegué a creer que dice la verdad, y que los pequeños seres y las hadas sí existen. Tal vez volaban sobre nuestra cabeza, pero nuestra ceguera no dejaba que los viéramos.
En el trayecto cruzamos un jardín -Las huertas del cura- lo llaman... neta-neta que ahí de noche se respira magia, juro que olía a té de hierbabuena, se respiraba, se sentía entre los árboles... por un momento pensé en luzita, llegué a creer que dice la verdad, y que los pequeños seres y las hadas sí existen. Tal vez volaban sobre nuestra cabeza, pero nuestra ceguera no dejaba que los viéramos.